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Este 17 de julio se cumplen 90 años del alzamiento de 1936 y, en la cima del cerro del Cabezo, la memoria pública sigue marcada por huellas de aquella guerra. Lo que para algunos es un santuario religioso para millones de peregrinos, para otros conserva vestigios de la propaganda franquista que todavía generan debate sobre patrimonio y memoria histórica.
En lo alto del Cabezo, junto al templo moderno, se levanta un conjunto monumental que no pasa desapercibido: una estructura de hormigón de gran tamaño y una inscripción que remite explícitamente al episodio bélico vivido allí. La intervención se hizo durante la dictadura y fue presentada como homenaje a los caídos del bando sublevado.
El asedio: cifras y realidad
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La historia real del cerro fue un sitio prolongado y dramático. Tras el fracaso del golpe en buena parte de la provincia de Jaén, un grupo de guardias civiles se atrincheró en el santuario junto con familias y vecinos. El cerco comenzó en septiembre de 1936 y se mantuvo hasta la primavera de 1937.

Datos clave sobre el asedio:
- Fechas: inicio el 14 de septiembre de 1936 y final el 1 de mayo de 1937 —un total de 229 días.
- Personas concentradas: en momentos puntuales llegaron a agruparse en la cima más de 2.000 personas, entre militares, familias y civiles.
- Defensores: el núcleo inicial rondaba los 220 hombres y se redujo a unas pocas decenas tras meses de combate.
- Suministros: la única forma continuada de abastecimiento fue aérea, por la Aviación del bando sublevado; por otro lado, la artillería republicana y la dinamita hicieron la vida en el cerro insostenible.
El capitán que encabezó la defensa aparece en las fuentes locales de la época como Santiago Cortés. Finalmente, tras negociaciones mediadas por la Cruz Roja, los sitiados entregaron posiciones en mayo de 1937 y permitieron la entrada de fuerzas republicanas.
Reconstrucción bajo el nuevo Estado
Tras la guerra, el lugar quedó en ruinas; la talla original de la Virgen, conocida popularmente como «La Morenita», desapareció y nunca apareció. La devoción se mantuvo y la romería primaveral siguió celebrándose con una imagen sustituta.
Pero el Estado franquista convirtió el Santuario en escenario de legitimación política. En 1939 se constituyó una estructura encargada de la reconstrucción y en 1940 se creó una comisión ejecutiva que integró a arquitectos y altos cargos del organismo responsable de las regiones devastadas. La obra contó con aportaciones públicas y suscripciones promovidas por líderes del régimen; la reconstrucción se dio por concluida a mediados de la década de 1940.
En 1965 se añadió al conjunto un cuerpo monumental de gran altura —de alrededor de 22 metros—, cuya placa y textos oficiales exaltaban la resistencia del bando sublevado y lo presentaban como una acción heroica. Esa retórica propagandística forma parte del paisaje físico que llega hasta hoy.
Patrimonio, símbolos y controversia
La presencia de objetos y placas procedentes de la época del franquismo alimenta tensiones sobre cómo catalogar esos elementos: ¿son patrimonio histórico, testimonios de una tradición religiosa o símbolos de un régimen?

Algunos hitos relevantes para ese debate:
- En 2013 la romería fue declarada Bien de Interés Cultural en Andalucía por su valor etnológico, pero la declaración no enumeró explícitamente los elementos erigidos durante la dictadura.
- En los fondos del santuario y en colecciones públicas se conservan objetos donados durante la posguerra —entre ellos, distinciones militares y piezas vinculadas a gobiernos extranjeros— que refuerzan la lectura propagandística del conjunto.
- El historiador Santiago de Córdoba Ortega reunió en 2015 una extensa catalogación sobre Andújar y sus símbolos: un inventario documental que identifica cientos de placas, escudos y monumentos vinculados al periodo 1931‑1977.
Ese inventario, encargado originalmente por grupos políticos locales, no se limitó a etiquetar piezas: situó el fenómeno en su contexto social, mostrando cómo la posguerra transformó el espacio público en un escaparate de la narrativa oficial.
Por qué importa hoy
La conmemoración del 90º aniversario del golpe reaviva preguntas sobre memoria y convivencia democrática. Los visitantes del santuario suelen percibir una mezcla de religiosidad y relatos históricos que no siempre están explicitados ni contextualizados para el público.
Las decisiones sobre mantenimiento, catalogación o señalización tienen consecuencias prácticas: definen qué se conserva, cómo se interpreta y cómo se explica a quienes suben al cerro. Además, las denominaciones oficiales —qué se entiende por patrimonio— influyen en la tutela legal y en la percepción pública.
La discusión no es meramente académica: afecta al paisaje, a la identidad local y a la forma en que las instituciones gestionan restos materiales de una contienda que marcó generaciones.
Mientras persistan en el Cabezo placas, monumentos y objetos con claras referencias al régimen vencedor, la interrogante sobre su condición —si memoria histórica crítica o relicario de propaganda— seguirá presente en el debate público.
Fuentes consultadas: archivos municipales y obras de investigación local sobre Andújar y la Sierra Morena, así como inventarios y declaraciones administrativas sobre la romería y el santuario.












