Mosquitos: nos atrae el olor químico que emitimos, no una sangre más dulce, dice Rubén Bueno

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Con la llegada de temperaturas más cálidas y la actividad creciente de insectos en zonas urbanas, entender por qué ciertas personas son más picadas se vuelve relevante para la salud pública. El biólogo Rubén Bueno explica que la explicación no está en una «sangre más dulce», sino en las señales químicas y físicas que emitimos y que los mosquitos detectan desde metros de distancia.

Qué buscan los mosquitos y cómo lo perciben

Los mosquitos usan una combinación de señales para localizar a sus víctimas. No dependen de una sola pista: el proceso es multimodal y muy sensible.

Entre los estímulos más importantes están el dióxido de carbono exhalado, la temperatura de la piel y los compuestos orgánicos que desprendemos al sudar. Además, la comunidad bacteriana que vive en nuestra piel modifica esos olores, haciéndolos más o menos atractivos para diferentes especies.

Factores concretos que aumentan la atracción

  • CO2: la respiración crea una “firma” a distancia que guía a los mosquitos hacia una fuente de sangre.
  • Temperatura corporal: zonas más calientes —como la cara o las extremidades— destacan en el campo de detección.
  • Ácido láctico y otros compuestos del sudor: producto del metabolismo y la actividad física, ayudan a concentrar la búsqueda.
  • Microbiota cutánea: las bacterias de la piel transforman sustancias en olores que pueden atraer o repeler.
  • Señales visuales y movimiento: los mosquitos también usan la vista para confirmar una presa cuando están cerca.

Rubén Bueno matiza que, aunque hay diferencias individuales —por ejemplo, algunas investigaciones sugieren variaciones según el grupo sanguíneo o el embarazo— la evidencia apunta a estas señales químicas y físicas como determinantes principales.

Tabla: atractivos de los mosquitos y qué hacer al respecto

Señal Mecanismo Medida práctica
CO2 Orientación a distancia mediante el aliento Usar ventiladores en espacios exteriores; evitar aglomeraciones cerca de vegetación
Olores del sudor Compuestos químicos percibidos a corta distancia Higiene regular, evitar perfumes fuertes; ropa transpirable
Temperatura y calor Señal térmica que delata zonas de mayor flujo sanguíneo Ropa ligera de colores claros; evitar actividad intensa en horas pico
Microbiota Bacterias que generan olores atractivos Cuidados de la piel y reducción de productos que alteren la flora cutánea

Entender estas señales tiene consecuencias prácticas. No se trata solo de evitar una picadura molesta: en regiones donde circulan virus transmitidos por mosquitos, reducir el contacto directo con estos insectos es una medida de salud pública.

Implicaciones para el control y la prevención

Las recomendaciones derivadas de esta visión científica son sencillas y se aplican en la vida diaria: minimizar fuentes de agua estancada, usar barreras físicas (mosquiteras), emplear repelentes aprobados y adaptar actividades al exterior en las horas de menor actividad del mosquito.

Además, para diseñar estrategias comunitarias más eficaces —desde campañas informativas hasta proyectos de control vectorial— es clave incorporar el conocimiento sobre las señales químicas y la ecología de las especies locales, recuerda Bueno.

En resumen: la idea popular de la “sangre dulce” es un mito persistente. Lo que realmente guía a los mosquitos son las combinaciones de compuestos y señales físicas que emitimos. Saber eso permite tomar medidas concretas y más efectivas para reducir el riesgo de picaduras y las consecuencias sanitarias asociadas.

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