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Un comprador en China descubrió que su teléfono de lujo dejó de funcionar como teléfono tras el cierre de las redes antiguas: ya no puede ni hacer ni recibir llamadas. El incidente vuelve a colocar en el centro del debate el apagado de la red 2G y sus efectos prácticos sobre usuarios, automóviles y equipos conectados.
Un móvil caro que perdió su propósito
El caso involucra a un ejemplar de la marca Vertu adquirido en 2015 por una suma elevada. El teléfono, concebido como objeto de alta relojería tecnológica y con materiales exclusivos, dependía únicamente de la conectividad 2G.
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Con la desactivación progresiva de esa infraestructura en la China continental, el dispositivo ha quedado inutilizado para la función básica que define un móvil: comunicarse por voz. Para su propietario, lo que fue una inversión de lujo se ha convertido en un aparato sin servicio telefónico.
Por qué esto tiene relevancia hoy
No es solo una anécdota sobre equipos lujosos: el apagón del 2G impacta a servicios críticos que aún dependen de estas redes. La Unión Europea ha pedido a los operadores que retrasen el cierre total por motivos de seguridad, porque sistemas de emergencia integrados en vehículos usan conexiones antiguas para transmitir llamadas automáticas.
El sistema conocido como eCall, que equipa a decenas de millones de coches para alertar a los servicios de emergencia tras un accidente, se apoya en redes 2G y 3G en muchos territorios. Si esos enlaces desaparecen sin alternativas garantizadas, la capacidad de respuesta podría verse comprometida.
- Teléfonos antiguos: modelos vendidos antes de la expansión del 3G/4G y que no admiten estándares modernos.
- Vehículos con eCall: unidades cuya unidad de comunicación no está preparada para redes LTE o IP.
- Equipos IoT y M2M: terminales de telemetría, localizadores GPS y sensores instalados en infraestructuras que siguen usando 2G.
- Puntos de pago y sistemas de alarma: dispositivos de cobro o seguridad que funcionan con módulos 2G incorporados.
Situación en España y próximos pasos
En España ya existe una hoja de ruta para desactivar progresivamente estas redes: operadores como Movistar han anunciado planes de desconexión hacia 2027, mientras que Orange sitúa su fecha alrededor de 2030. Otros países ya han completado o están muy avanzados en el proceso; en Hong Kong, por ejemplo, el cierre es inminente.
Eso obliga a planificar migraciones: tanto administraciones como empresas con flotas de vehículos o sensores deben comprobar la compatibilidad de sus dispositivos y prever actualizaciones. Para usuarios particulares, la principal recomendación es verificar si sus terminales soportan 3G/4G/5G y, en caso contrario, valorar la sustitución.
Queda en evidencia que la transición tecnológica tiene ganadores y perdedores: mientras la sociedad avanza hacia redes más rápidas y seguras, equipos diseñados alrededor de estándares obsoletos pierden funcionalidad real. La discusión sobre plazos y mitigación de riesgos seguirá siendo relevante en los próximos meses a medida que los operadores ejecuten sus calendarios de apagado.












