Galicia: 80% de escolares de primaria en redes sociales, alarma sanitaria

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Un estudio reciente de UNICEF sobre Galicia demuestra que los teléfonos y las redes sociales han llegado muy pronto a la vida de los niños: esto ya no es solo una cuestión de ocio, sino un reto para la salud pública y la educación. Las cifras muestran que, sin supervisión adecuada, aumentan los riesgos para el bienestar emocional de la infancia y la exposición a contenidos inapropiados.

Acceso y usos tempranos

La investigación “Infancia, adolescencia e benestar dixital en Galicia 2026”, realizada con la colaboración de la Universidade de Santiago y el Ministerio para la Transformación Digital, sitúa la edad media de primer teléfono alrededor de los 11 años. Antes incluso de llegar al instituto, muchos menores gestionan cuentas en redes y usan aplicaciones sin control adulto continuado.

En primaria (quinto y sexto curso) la presencia del móvil ya es relevante: más de la mitad de esos alumnos tiene un dispositivo propio, cifra que crece hasta superar el 85% en primero de la ESO y alcanza prácticamente la totalización en cursos posteriores. Además, la mayoría dispone de perfiles activos en redes sociales, lo que facilita el contacto con desconocidos y el acceso a contenidos sin filtros.

  • Edad media del primer móvil: ~11 años.
  • Perfiles en redes sociales (5.º-6.º de Primaria): 78,3%.
  • Propiedad de smartphone: 51,6% en 5.º-6.º; 85,1% en 1.º ESO; ~96% en 2.º ESO.
  • Conexión intensiva: 19,9% pasa más de 10 horas conectado en fines de semana.
  • Teléfono en la escuela: 44,3%; duerme con el móvil: 41,2%.

Impacto en el bienestar emocional y exposición a riesgos

Los datos revelan efectos ya perceptibles en la salud mental: alrededor del 13,5% de los menores presenta malestar emocional —síntomas de ansiedad, depresión o somatización—, con una diferencia de género marcada: las adolescentes reportan el doble de sintomatología que los chicos. Los expertos subrayan que la adolescencia es una etapa vulnerable en la que la presión por la imagen en redes puede agravar problemas emocionales.

Por otra parte, el informe detecta niveles preocupantes de acceso a contenidos para adultos y de contacto con extraños en línea. Estas son algunas de las cifras que ilustran el fenómeno:

  • 1 de cada 4 menores juega a videojuegos clasificados para mayores; el 70% consume juegos con contenido violento.
  • 1 de cada 10 menores consume pornografía de forma habitual.
  • Un 33,7% ha aceptado solicitudes de personas desconocidas; un 57,2% ha mantenido conversaciones con ellas; un 5,9% de menores de 16 años recibió proposiciones sexuales.
  • El 25,1% ha recibido mensajes de contenido sexual y casi un 3% ha sufrido chantaje con material íntimo.

Para Irene Marín, coordinadora del Comité Galicia de UNICEF, el problema no es solo el acceso temprano: “lo crítico es cómo se acompaña y supervisa ese uso”.

El papel de las familias y las instituciones

El estudio subraya que los modelos de comportamiento adulto influyen decisivamente en los hábitos digitales infantiles. Prácticas cotidianas, como usar el móvil durante las comidas, están asociadas a un mayor riesgo: en hogares donde el dispositivo está presente en la mesa se duplican los comportamientos problemáticos en menores.

Otras conclusiones relevantes sobre la responsabilidad adulta:

  • El 60% de los progenitores no establece límites claros en el uso del móvil.
  • Solo un 36% afirma saber qué publican sus hijos en redes sociales.
  • La falta de alfabetización digital y de mediación parental multiplica la exposición a riesgos y dificulta la detección temprana de problemas.

Antonio Rial Boubeta, profesor de psicología de la USC y director del estudio, advierte que el uso intensivo del móvil debería abordarse como una cuestión de salud pública, no solo familiar: “las redes y el acceso sin límites pueden erosionar la salud mental si no se actúa a tiempo”, señaló durante la presentación.

Qué se propone y por qué importa ahora

Entre las recomendaciones que emergen del informe figuran la implantación de estrategias de acompañamiento por parte de familias y escuelas, la promoción de alternativas de ocio sin pantallas y la adopción de restricciones razonables sobre tiempos y contenidos. También se reclama más formación para adultos y herramientas de verificación eficaces a nivel de políticas públicas.

La urgencia se explica en términos concretos: cuando un porcentaje notable de menores ya sufre malestar emocional o se expone a contenidos y contactos potencialmente dañinos, la actuación temprana reduce daños y mejora la prevención. Además, la normalización del móvil como instrumento cotidiano sin límites consolida patrones difíciles de revertir en etapas posteriores.

En definitiva, el estudio sitúa a Galicia dentro de una tendencia nacional que exige una respuesta coordinada entre familias, centros educativos y administración: medidas prácticas que combinen mediación parental, educación digital y espacios reales para desconectar.

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