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Esta semana, un grupo de alumnos de la comarca guipuzcoana protagoniza una experiencia que busca alejarse de la pantalla: apagar el teléfono y guardarlo durante una semana completa. La iniciativa, en plena línea del creciente movimiento por el reto sin móvil, plantea preguntas directas sobre el uso cotidiano de los dispositivos entre jóvenes y sus efectos en la escuela.
La actividad se desarrolla en el marco del III Plan de Adicciones de Ordizia, donde se propuso a los centros educativos municipales sumarse a la propuesta. Finalmente, nueve estudiantes de 4.º de la ESO del colegio Jakintza aceptaron participar: el pasado viernes entregaron sus móviles, que fueron apagados y colocados en una caja en el aula. Permanecerán allí hasta este viernes, cuando concluye oficialmente el periodo.
Qué implica el reto y cómo se organiza
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Lejos de ser solo un gesto simbólico, los participantes seguirán la experiencia con un cuaderno de bitácora en el que registrarán sensaciones, dificultades y reflexiones diarias. La propuesta busca trasladar el debate del uso del teléfono del terreno individual al colectivo escolar.
- Duración: siete días continuos, desde el viernes de entrega hasta el viernes de cierre.
- Participantes: nueve alumnos de 4.º de la ESO del centro Jakintza.
- Procedimiento: móviles apagados y guardados en una caja en clase durante toda la semana.
- Seguimiento: diario personal en cuaderno para anotar dificultades, cambios de conducta o descubrimientos.
- Marco: iniciativa incluida en el III Plan de Adicciones municipal.
La iniciativa local coincide con otras actividades similares en grandes ciudades: empresas y organizaciones han programado encuentros en Madrid y Barcelona donde el uso del teléfono está expresamente prohibido durante algunas horas. Esa tendencia subraya la búsqueda de espacios donde desconectar, aunque las fórmulas varían —desde jornadas de 24 horas hasta retos más prolongados.
Por qué importa ahora
El interés por estas experiencias responde a una preocupación creciente entre educadores y familias sobre la dependencia digital y su impacto en la atención, el descanso y las relaciones sociales. Al incorporar el experimento en un plan municipal contra las adicciones, el ayuntamiento sitúa el debate en el ámbito público y preventivo, no meramente punitivo.
Al mismo tiempo, el gesto plantea dilemas prácticos: ¿cómo compatibilizar la desconexión con la seguridad y la comunicación familiar? ¿Qué señales pueden indicar que un joven necesita apoyo para gestionar el uso del móvil? Iniciativas como esta intentan generar respuestas a partir de la observación directa y la reflexión colectiva.
El resultado del reto —las anotaciones de los alumnos y las conclusiones que extraiga el proyecto— será relevante para diseñar políticas escolares sobre tecnología y para orientar a otras comunidades que contemplen medidas similares. El experimento concluye este viernes; será entonces cuando los participantes recuperen sus dispositivos y compartan, si lo desean, lo aprendido.












