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En una entrevista reciente, Rosamund Pike revivió uno de los tropiezos más sonados de su carrera: la adaptación cinematográfica del videojuego DOOM. Sus declaraciones recuerdan que, aunque la película fracasó en taquilla y crítica, la intérprete logró rehacer su rumbo profesional.
El traspié que pudo haber marcado su carrera
La producción, estrenada en 2005, se hizo con un presupuesto aproximado de 60 millones de dólares pero no consiguió recuperar lo invertido. La recepción crítica fue especialmente dura: en agregadores como Rotten Tomatoes la película apenas alcanzó un respaldo minoritario, cifra que hoy se cita como ejemplo de adaptación fallida de videojuegos al cine.
En el podcast How to Fail with Elizabeth Day, Pike explicó que llegó al rodaje procedente de un drama de época y que, al principio, asumió que cualquier registro le sería accesible. Pronto, admitió, se dio cuenta de que la logística y el tono de una producción de acción masiva la sacaban de su zona de confort: armas, rutinas físicas y un ambiente pensado para otro tipo de intérpretes la hicieron sentirse descolocada.
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Consecuencias inmediatas
Hubo incluso conversaciones sobre una secuela, pero el descalabro en taquilla y las críticas cortaron cualquier posibilidad seria de continuar la franquicia. Para la propia actriz, aquel proyecto fue «un fracaso absoluto» que pudo haber terminado mal para su carrera; sin embargo, en lugar de desaparecer del radar, ese tropiezo quedó como una anécdota en una trayectoria en ascenso.
- Presupuesto: ~60 millones de dólares.
- Recepción crítica: baja puntuación en agregadores; mencionada frecuentemente como una adaptación fallida.
- Reparto: contó con nombres de alto perfil que ayudaron a amortiguar el impacto mediático.
- Declaraciones recientes: Pike ha reconocido sentirse fuera de lugar en el set y considera el proyecto una experiencia difícil.
- Recuperación profesional: tras DOOM continuó hacia papeles de mayor reconocimiento, incluida una nominación al Oscar por un título posterior.
La historia de Pike con aquella película ilustra dos lecciones claras para la industria: la primera, que ni siquiera una inversión considerable garantiza el éxito cuando la ejecución falla; la segunda, que una actriz puede superar un tropiezo comercial si encuentra proyectos posteriores que pongan en valor su talento.
Hoy, cuando la intérprete rememora el episodio, lo hace desde la perspectiva de quien reconoce el riesgo pero también la capacidad de rehacerse. Para el público y los profesionales del cine, su caso es un recordatorio de que un mal paso no tiene por qué definir una carrera.












